"Years and years": cuando la utopía devino distopía cotidianda

Por Franco Torchia

Que el arte predice la realidad no es novedad y Franco lo demuestra con este lúcido texto a una serie que tiempo atrás hubiese sido una pesadilla y que hoy al prender la tele vemos que la distopía ya llegó 

La catástrofe es total: crisis energética, cortes de luz sin programar, muerte del trabajo tal como se lo conocía, sustitución del macho por la marcha, televisión bobísima, suelta de palabras al servicio de la aniquilación, desastre nuclear, regímenes ultratotalitarios, bancarización asesina, gentifricación extrema y otra que identidad de género: identida digital y basta. Todo esoy más cuentan los seis episodios de la miniserie británica "Years & Years" (HBO, 2019), aclamada por su verosímil acercamiento a un futuro que sería el de hoy a la noche. Todo eso y más cuenta pero todo eso y menos. Mucho menos. ¿Qué menos?

    Más allá de que en su deambular los personajes enfrenten derrumbe financiero, pérdida de empleo, exposición a la radioctividad, persecusión y menoscabo diario, hay un núcleo inalterable que los une. Los sostiene. Los reagrupa después de intentar desmembrarlos. Les otorga sentido y excusa de homenaje. Es una institución que los enaltece y los revincula. Los domestica (el verbo, claro, no es menor) como ningún cambio político o "avance" tecnológico es capaz de hacerlo. Esa institución es, por supuesto, la familia. Familia nuclear. Tradición inalterable por más que con el paso del tiempo vayan muriendo algunos. Familia resumida en la figura de la abuela, habitante eterna de una casona inglesa de las afueras y detentora de una sabiduría siempre atribuible al adulto mayor que atesora, intuye, se las ve venir e insiste en sentar a todos a la mesa.

Cada historia de la "benvenuteada" "Years & Years" es a priori, del presente occidental. Hija discapacitada y madre sola; hijo gay heterobrotado más luego "aventurero"; refugiado LGBTTIQ+; niñe trans, adolescente que deviene "emoji" y afrodescendiente estafada (atención) estafada por una "infelidelidad". Los desafíos afectivos de cada quien son postales rancias de una moral a la que el epíteto de tradicional le queda demasiado corto. Parejas que se rompen por "cuernos"; ex novios revanchistas que actuán como "despechados"; sexo express que encubre "desviaciones"; romance permitido tras una vida de lucha (la hora del amor romántico, para una de las protagonistas, es la hora de sentar cabeza); padre abandónico que igual se merece un velorio porque padre sanguíneo al fin y casting de candidatos hasta dar con el varón "estable". Una "tercera edad" asexuada, confinada a la cocina y estereotipia acérrima de teenagers lanzados al alcohol y empresarios propensos al abuso sexual y la maldad sobrerepresentada.

¿Por qué semejante divorcio (justamente) entre el plano superior de la acción narrada (la muerte del cuerpo y la previa del fin del mundo) y un plano "inferior" en el que se vive el matrimoniaje, la sexualidad y las conquistas como en los años 30? ¿Será que acaso el proyecto fue sólo demostrar que lo único que cambia con el paso del tiempo es la tecnología? ¿O será que, por el contrario, la plataforma ideológica (tal como ocurre con numerosas series producidas por empresas de cálculos algorítmicos) es reforzar la familia como elemento indispensable?

"Campanellis" a pesar de todo, en esta ficción la imaginación tiene un límite que parece gobernado por el mismo sistema de destrucción que ella denuncia. No puede pensar más allá del lazo en la medida en que no puede presentar otros lazos que no sean los que enlazan. No hay otros nudos que no sean los que anudan. "Years & Years" cuenta la inteligencia artificial y fija un alto conservadurismo familiar. Victoriana hasta el fin.