Virus y la libre íntima convicción

¿Ustedes vieron el brillo de los ojos de los desencajadEs protestotones contra la cuarantena, el 5G, la vacunas, los cohetes a la luna, el alunizaje, las posibilidades de una país más justo, el seguimiento satelital con el CuidAR, el IFE, et al? Ese brillo de alienadE (vamos a repartir E´s porque las feministas solo están invitando a charlas donde siguen discutiendo textos de los 90´s) no es para tomar a la ligera. Su tono gritón agudo o el ronco macho gastado forma un bello combo con ese brillo alienígena: ¡Están convencidEs! Pero unE se pregunta ¿Es posible que alguien en un juicio no digamos equilibrado sino "circulante" pueda estar así de convencidE? ¡Pero si gente! ¡Si tuvimos un juez trucho como Sergio Moro (al que Dios gracias porque los antígenos liberales gorilas se impusieron a los virus facho liberales que pululan en la UBA en cantidades incontrolables) que casi habla en nuestro claustro! Si, NUESTRO, porque la universidad es pública. Ese señor se basó en la "íntima convicción" para meter en cana a un ex Presidente que hizo del Brasil un país en el que su gente comía 3 veces al día. Y, estimadEs, esto de la "íntima convicción" no es para tomar en broma. Leyendo el libro La cara oculta de la belleza de Ruth Brandon, esta escritora nos recuerda como el ex directivo de L´Oreal, Owen-Jones, se negó a pagar la indemnización por unas propiedades a la familia judía Roselnfelder-Waitzfelder (exiliados en Brasil, vaya coincidencia) que le había sido robada por los nazis basado en su "firme convicción que L´Oreal no le causó ningún perjuicio a la señora Edith Rosenfelder", cuando en su propio catálogo la empresa Haarfarben, sucursal alemana de la empresa francesa, figuraba como dueña de los terrenos en cuestión. No vamos a terminar diciendo abstracciones como que "estamos en una crisis ética", "los valores se volaron" y otras frases de fingerfood: acá el problema es que nuestras prácticas e instituciones funcionan como escalera de entrada y salida, un mareo nauseabundo del que vamos a poder empezar a fugar cuando tengamos la valentía de decir que todavía hay verdad, en singular, aunque sea difícil construirla.