Todo lo sólido deviene fetiche La "falsa conciencia" del normcore y el día que Naomi Klein intentó ser irónica en la Villa 21. Segunda entrega

La primera entrega fue una entrada que se empantanó en el cascoteo a Naomi Klein, la autora de No Logo, a quien le dedicamos una frase por metersela con un gorrito piquetero. Bueno... Volviendo al carril: la Klein escribió ese libro que, levantando lo que se denominaba ya en las academias "segmentación por consumo", expuso en un lenguaje bien llano las operaciones del capitalismo de los 90 que invertía más en el diseño y tercerizaba la producción hacia las semicolonias. Y así reproducía las sustitución de estrategias del marketing: promoción, diferenciación e identifcación. En  épocas del llamado "posfordimo" y producción en red (lease bajar los costes de producción con mano de obra barata en paises liberalizados), ese modo de constelar la producción dio al capitalismo la posibilidad de segmentación de consumo. Esto fue acompañada, por cierta sociología que no revisaba su lenguaje, como "fragmentación" (sic) por "tribu" (sic) "urbana" (sic). Veamos: ¿Fragmentación como una especie de movimiento telúrico autoproducido? "Tribu" ¿Cuándo decidimos tomar categorías del racismo para producir análisis? Y "urbana": ¡Claro! ¡Los "campesinos" no compran! Porque estimades en la Argentina hay "trabajadores/as rurales" y "campesinos" en las afiebradas mentes de una izquierda implantada. En fin. Si saltamos esta pifiada, als ob (como si), esa especificación de gamas de un mercado que acumula de manera flexible articulando y desarticulando las instancias de producción, distribución y consumo, permitió explicar los flujos e identificaciones que si abandona el análisis de clases deviene, necesariamente, en la promoción del consumo como lógica de inclusión, más allá si la marca es verdadera o trucha. Valga un ejemplo. Por esas necesidades docentes tuve que dar clases en la Univesidad Nacional de Moreno cuando a esa ciudad todavía iban las antiguas formaciones de trenes. Como siempre llegaba casi a punto de arrancar, terminaba viajando durante una hora en el tren furgón donde una gran cantidad de pasajeros se deleitaban con yerbas aromáticas. Una hora en ese estado me hacía llegar a la estación terminal con una alegría inefable que me llevaba a todo color que superara al gris. En ese estado me abalancé más de una vez en unos comercios donde compre un Lacoste con yacaré y un cardón con con cactus torcido ¡Pero que importaba! Solo la primera lavada que dejó a la remera cual sudadera de Flashdance y al cardón en una tela de pelotitas demostraron que la dignidad de la marca solo pude recuperarla en la segunda compra luego de afeitar la camisa. 

Fue con esta camisa con la que sometí a un grupo a la "prueba del estilo" donde les pido a estudiantes que se miren entre si sin detener la mirada y  que luego me digan si hay algún tipo de vestimenta que tienen sus compañeros/as, ante lo que uno me grito: "- ¡Si! Esa camisa trucha de Cardón que tenés!" El susodicho trabajaba en la Curia, era hijo de estanciero y estudiaba derecho: dos estilos entraron en pugna ese día, en un aula que supo ser una oficina de la fábrica Stani.

Trucho o no, el campestre me definió como clásico, lo que me ofendió por la amplitud semántica, por lo que lo bautice "el pibe Martina" en una estrategia pedagógica que estoy poniendo en práctica desde el 2015 y que consiste "que el debate entre keynesianimo y neoliberalismo te pase por el cuerpo", lo que podemos dejar para otra reflexión. En ese pargua de "clásico" se metió el 90% del aula, solo pocos/as se autodefinieron con algún estilo al que dijeron adherir.

Pero pa la insistencia una fue hecha, así que volví a la carga y dije que "clásico" era una salida de pista, que si performateabamos este estilo, debía tener un nombre. Y un/a estudiante dijo: "-Normal". Bueno. A cada paso hay que andar haciendo disecciones para que no volara un anormal para el otro 5% que había tenido la entereza de autoponerse una ética, salvo el "pibe Martina", al que bauticé en un desafore.

Con esa duda volví a casa y repitiendo los errores de la sociología puse en Google "tribus urbanas" y obtuve lo que ya había escondido en los yuyos, lo que cierta sociología definía como tal y que, extrañamente, no nos identificaba al 90% del aula. Por lo que en un rapto de lucidez me dije "- ¿Por qué no le pregunto al mercado?" Y estuve horas fascinado con revistas de moda y el normcore, que para mi horror se traduce literalmente "núcleo de la norma" o "nucleo normado" ¡Cachafaz! ¡Acá no es escapa nadie! Y me deleite durante una semana en esos berretines temáticos que me agarro y comencé a indagar como Gap, Adidas, Balance, Zara y Nike se desplazaban del hipster al normcore con un movimiento de borrar "marcas" (logos) y creación de otros marcajes, todo en talleres comunes, muchos de ellos clandestinos o con mano de obra con paga vergonzosa e infrahumana.

Es así como me descubrí normcore lo que, lo admito, me gusta más que clásico que lo asociaba a esos profes que se resisten a la jubilación, muchas veces por razones válidas, pero las más por las del reconocimiento. Ahora, todavía no conozco a nadie que ande gritando "-¡Soy un normcore!" Quizá porque el no decirlo sea parte del pertenecer, quizá porque no lo sepas, quizá porque creas que todavía consumís en un acto de suprema libertad ¡Normcore! Acá no se salva nadie. 

Y saben que, según The New Yorker ya estamos en el post-normcore, lo que dejamos para una próxima porque tengo que ver que me pongo mañana ¡Bona nit! ¡Catalunya libre!


Si te interesa tirar de la punta del ovillo: https://www.proyectomoda.com/adios-hipster-hola-normcore/