Los candidatos (todos machos) venden tupperware: ¿Debate o circo a la carta?

En el 2015, una ONG (Argentina Debate), muchos de cuyos "voluntarios/as" hoy engrosan las filas de la gestión macrista, fueron quienes armaron la arena en la que Macri se probó el traje presidencial a pesar de su pobreza argumental y audacia devenida simplona, brutal y macabra mentira comunicacional. No alcanzó la radicalización tardía de los argumentos del "moderando" motonauta Scioli, ni el maravilloso vestido de Evangelina Bomparola y los stiletos de Ricky Sarcani que Karina Rabolini le chantó a Juliana Awada, la Laura Ingals neoliberal denunciada por el uso de talleres clandestinos, que en aquel momento apeló a un conjunto con blazer y pantalón en color blanco, zapatos en punta y el pelo atado cual colegiala ¿La marca? Nunca se divulgó: ¿Habrá que recorrer talleres clandestinos para saberlo? Como sea, Awada y luego Vidal, inauguraron un "estilo" que funcionó como "pacto de identificación" con el voto femenino (y en difusión a la hegemonía que hoy vemos caer) del macroradicalismo:  pasó a segundo plano del diseño avant garde, el ocultamiento de la marca obvia y la desaparición del maquillaje abundante (la orange Carrió no está ni tiene nada en fila)  en las carniceras de la derecha nacional que se sumó al decontracté de sus partners masculinos que abandonaron las corbatas (salvo casos de necesidad y urgencia, de menor periodicidad que sus DNUs). Ese escenario televisó el arribo de la banda más dañina de los último 70 años

En aquel 2015 ¿Fue debate? La paliza de Vidal al Frente para la Victoria en la Provincia de Buenos Aires, los resultados adversos en los grandes centros urbanos y la corta distancia entre los presidenciables (Todito explicable) ¿Hizo creer a alguien que en un cara a cara se iba a cambiar la tendencia cantada como fue, parece ser el tet a tet de Kennedy y Nixon? La ONG Argentina Debate, que ya se sabía cantera de cuadros de gestión, la necesidad del "moderando" Scioli de manotear un voto,  sumado a la porteñisima esperanza "Del no son lo mismo" que movilizó a la clase media progre porteña a pic nics varios, pero no al ferreo Caño Del devenir interminable del troskismo liberal, permitió a la "sociedad civil" oenegete hacer su circo de pro castineo. En el 2015, Argentina Debate fue un servicio prestado a los/as cacos/as que venían por todo. Y vinieron. Y #SeVan. Con todo.

En ese afán conserva del macroradicalismo por "modernizar" la nada misma se reglamentó la Ley 27.377 por parte de la Cámara Nacional Electoral que obliga al debate a todas las candidaturas que superaran las PASO a pesar de si la diferencia con los que quedaron fuera, por el piso de votos establecido, fuera o no irrisorio. No se pretende silenciar minorías electorales, pero si se trata de igualdad ¿Por qué no debatió Manuela Castañeira. La matemática no democratiza necesariamente. Prueba a la vista.

Con un pretendido federalismo que solo incluyó la beneficiaria zona pamapeana (Santa Fe y Buenos Aires) esta vez tuvimos un coro de varones que debieron bailar a un ritmo estentóreo donde mixearon propuestas y alguna que otra respuesta en un marco de alianzas ideológicas entre tres representantes de la derecha neoliberal y autoritaria (Macri, Espert y Gómez Centurión), los defensores del neokeynesianismo (Fernández y Lavagna) y el promotor del "Estado aún en estado doctrinario-abstracto" Del Caño. Todo un gabinete de farmacéutico de vidrio muy limpio donde de tanto en tanto algún frasco se desacomodó y se reorientó por el tintineo de un frasco cercano.

La liberalada tiene sus fundamentos y excusas: diálogo y consenso. Sinceramente,  creer hoy en la razón dialógica, ese sueño de Jürgen Habermas en su Teoría de la acción comunicativa que presupone la posibilidad de un intercambio en igualdad, sin coacciones y libre, es menos creíble que la creencia en el dictum cristiano ortodoxo del embarazo de una joven llamada María por la visita de una paloma. El debate presidencial 2019 fue formateado para pavoneo y algún chispazo, en zonas que también comunicaron (riqueza agroexportadora pampeana) y con periodistas que ya son en si un símbolo de la pauta pública y privada de este gobierno. La banda estuvo en casa.

¡Tantas ciencias sociales, de la comunicación y humanidades para terminar en este show tipo Joe 90! Sabemos que el consenso es amigo de la coerción, por lo que no solo el Gobierno, las fuerzas políticas y el periodismo pautado por el Estado o el sector privado (que ama a este Gobierno) fueron los artífices de este cachivache cínico y violento. También quienes del otro lado de la pantalla todavía buscan ganadores y perdedores, como si allí hubiese ocurrido algo de lo Real, eso que invade y perturba, muy distinto a este show de "realidad", en tanto performance guionada, que solo sirvió para asegurarles a todes lo que ya tienen. Por eso estamos en tiempos de poner lo que gusten en remojo, para que se ablande, y pensar nuevos modos de hacer política, en un marco que nunca será externo a lo que se hace, porque estimades "chichipios" (inclusivo) si no hay buena política, al menos sepan que queremos un good show.