¡Afichame a las izquierdas! Un recorrido visual flaneur sobre las estéticas disidentes

No sobreabundaron las gracias en el continente político de las sinistras globales, nacionales, satelitales y/o populares. El imperativo, la supremacía del chongo, la mujer siempre de armas a tomar, la presencia del rojo y el negro, banderas al aire, puño, V, herramientas, las consigna clara corta o larga y los signos de admiración son parte de esa gramática. Con el tiempo se arriesgó alguna metáfora, aunque siempre anclada en la lengua. Porque claro, para la izquierda de La ideología alemana todavía habemus les de la conciencia falseada y elles, la verdadera.  Claro que este devenir tiene muchos senderos bifurcados donde el aumento de la caripela va en creciendo en el plao según el cronómetro de los tiempos, como los actuales, donde el marketing exige la jeta ya no como signo de combate, sino de confianza que pasó por une coach. Siempre recuerdo mi vieja, peronista ella, que ante una acción brigadista del PC en Avellaneda que decidió pintar un inmenso paredón en la esquina de mi casa, se preguntó en voz alta por qué los afiches de la izquierda eran tan feos si elles "eran" tan inteligentes (sic). Para una laburante del gremio de la cerda con primaria incompleta, les militantes de la izquierda eran "jamón crudo" al que se le reconocía una "atractividad", pero les resultaba lejana. Cada imagen es un discursete, y sus devenires acontecimiento lingüal en el que estamos todes enmarañades. A tirar del hilo, de parecidos y diferencias, porque el ovillo vale la pena tenerlo a mano con tante bestie a la vista, tan "empoderada" de manera proporcional al poder del imperio y la agrafía política capilar (no de quincho)


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