Cuatro estampas sobre la ley O de como superar una ignorancia elegida en 4 píldoras en épocas de transición 2

Por Graciela Lorenzo

Segunda píldora, segunda entrega. Que la ley implique trampa y que, como saboreamos en la Píldora 1, la ley sea cuasi tautológica (ver entrega anterior), no pretende promover ningún escepticismo leguleyico, sino en cambio refinar la mirada sobre sus posibles abusos. Este nuevo llamado de atención que nos acerca Graciela Lorenzo es bueno tenerlo en cuento en tiempo en que quienes se dicen defensores/as de la ley, se las saltan o las vetan; quienes se dicen defensores/as del derecho, solo mantienen el que les asegura el privilegio ¡Benvenuti a a esta nueva ocasión de mandarse una píldora! Les aseguramos que son pura producción nacional.

[Ebisu, dios japonés de la suerte, los pescadores y los obreros, autor desconocido]

DOS: INVENTA LEGE, INVENTA FRAUDE

"Una idea siempre es histórica [...] En todas las épocas reina una hegemonía de lo pensable (no una coherencia, sino una cointeligibilidad)". "[L]a hegemonía se compone de reglas canónicas de los géneros y los discursos (incluido el margen de variaciones y desviaciones aceptables), de las precedencias y estatus de los diferentes discursos, de las normas del lenguaje correcto (incluyendo también el control de los grados de distribución de la lengua, desde el alto estilo literario hasta el vale todo de la escritura periodística "popular") y de las formas aceptables de la narración, de la argumentación y, de manera más general, de la cognición discursiva, y un repertorio de temas que se imponen a todos los espíritus, pero de tal suerte que su tratamiento abre el campo de debates y disensos regulados por convenciones de forma y contenido".(Angenot, 2012: 16, 31/32)

La máxima inventa lege, inventa fraude parece provenir del Imperio Romano. En 1734, el Primer Diccionario de la Real Academia Española registra una expresión similar: "Hecha la Ley, hecha la trampa: Frase con que se explica que, el aumentar nuevas leyes, especialmente en el comercio y trato, suele dar ocasión para que discurran maliciosamente, trampearlas, o evadirse de la carga que imponen".

Hay quien refiere que el refrán hecha la ley, hecha la trampa tiene su origen en el relato de una práctica[1]. Unos monjes japoneses vivían (voluntariamente) sometidos a duras restricciones. Entre las reglas que regían su monasterio había una que afectaba duramente su vida cotidiana: solo se les permitía comer carne de animales marinos. Sin embargo, ellos vivían en una aldea con un contexto más cerdos que peces. Un día, un instante, quizás cansados de comer pescado, inventaronun concepto. Gritaron un silencio. Para hacer su dieta más variada sin quebrar sus votos, bautizaron al jabalí. Lo llamaron "ballena silvestre". Y pudieron comer puerco sin remordimientos.

En el registro de la literatura, en 1596, Alonso López Pinciano en su Philosophia Antigua Poética analizó una prohibición que regía la literatura de su época: "Las leyes justas moderaron esta demasía y ordenaron que ningún cómico traxxese la acción nombre particular de hombre alguno por los escándalos que resultaban, y como, hecha la ley se inventa la malicia, la inventaron algunos poetas poniendo en sus escritos los propios nombres de los que quería reprender fueras de las acciones y representaciones; a este poema dixeron sátira, el cual quitados los nombres, era entonces un sancto poema y del cual no es agora tiempo. Otros cómicos no buscaron malicia contra las leyes, sino, obedecieldolas, siguieron sus poemas de la manera que oy se vsan, descubriendo y representando, no al individuo, sino a la especie de los hombres malos y viciosos, sin poner nombre alguno ni aun seña por donde fuessen conocidos, porque la seña vale tanto como el nombre".


[1] La historia se suele atribuir al antropólogo y etnólogo Fosco Maraini, una suerte de Marco Polo del siglo XX, quien la habría registrado en su libro SegretoTibet.