Monzón en Netflix. Cuando el femicidio es violencia de género como trama "macha", de marginaciones, racismo y capital

Si seguimos pensando la relaciones como "cosas" seguimos usando las categorías como piedras, como bien dijo el Viejo Topo en "Miseria de la Filosofía". La serie Monzón es una bellísima pieza audiovisual: guión, actuaciones, musicalización, caracterización, vestuario, cruce de géneros. Y la historia atrapa cuando no sabés si lo quiere exculpar o condenar. Pero la serie se mantiene en una fina pendiente donde la conclusión será la de "campeón femicida". Dos palabras que no son cosas, sino relaciones: la de un pibe rural marginado y violento que llega a la cima en donde los esperó la gloria y la guita de la mano de Tito Lectoure (ese extraño personaje porteño) mandarín del Luna Park que hoy sabemos pertenece a la Iglesia Católica,  la mirada libidinosa solo insinuada de Alain Delon y el matrimonio con la miamense Susana Giménez con quien filmó La Mary , peli que a mi vieja, laburante de talleres de cerda, amaba por la historia y la música de Marikena Monti. Y en esa carrera la piñas no circulaban solo en el ring, sino en las jetas y cuerpos de todas sus compañeras conocidas hasta que Alicia Muniz fue la muerte anunciada en voces que ya habían alertado y otras callado. "Campeón femicida" que asesinó a su ex esposa en una casa donde se vendía droga, con posibles relaciones con la DEA , la corruptela de la familia judicial el neoliberalismo menemista que en aquellos años pudría todo lo que tocaba. El poder"macho" (que no requiere pene, sino falo) pegó impunemente durante toda su carrera, y en ese teatro del horror que fue una casa de una Mar del Plata cruel y en decandencia de los 90, la violencia se habilitó y se llevó otra más que todavía gritamos en el Nunca Más del Ni Une Menos.